miércoles, diciembre 1

cuando aparece el miedo

Apoyó su cabeza contra los pliegues de la almohada, concentrando todos sus pensamientos en un solo hilo de algodón. Derecha, izquierda, al frente, boca abajo. Probó todas las posturas posibles pero aquel insomnio producido por el ruido de sus propios pensamientos no le permitió cerrar los ojos nisiquiera un instante. Un fuerte zumbido provenia de las calles desiertas y la áspera sensación de soledad pintaba las esquinas de una ciudad fantasma. Colocó la pierna derecha primero, luego la izquierda. Tambuleandose, se dirigió hasta la cocina, donde las sombras de una cena marchita la esperaban. Abrió la estanteria y escogió un vaso al azar. Lo colocó sobre el frio marmol y lo llenó de agua. Tuvo la sensación de vivir en el gelido polo norte, pero esta misma sensacion desapareció cuando sintió una corriente de calor recorriendo todo su cuerpo. La mano siguió su recorrido hasta que llegó a su larga melena bronceada que cubria toda la superficie de su espalda. Un leve escalofrio nació dentro de sus entrañas que produció una vaporosa sonrisilla en su rostro. La mano le fue retirando el cabello de la espalda, colocandoselo al lado izquierdo. Unos labios se aproximaron hasta su oido derecho. Fuese quien fuese que estuvise detrás, se sentía violento, nervioso, desconcertado... Lo comprobó por su inquieta respiración que seguía un ritmo acelerado e inexacto preocupado por no seguir el compás establecido. Unas palabras nacieron de unos labios que habian olvidado la completa nocion del tiempo, unos labios que habian olvidado el abecedario, o por lo menos el de los vivos. Los labios desconocidos se posaron sobre su lobulo: -''¿Sabes quien soy?''-susurró entre silencios. Los poros de su piel se estremecieron y sus pupilas se dilataron. Le hubiera podido recordar si no fuera por el pequeño detalle de que la persona que habia formulado la pregunta tuviese rostro, piel, ojos, labios, nariz... De repente, todo cobró sentido. Era el. Pero no podía ser. ¿Cómo? Millones de preguntas bañaron su mente y solo una fue capaz de salir al exterior: -¿Cómo es posible?-.




La mano abandonó su posición y los labios se retiraron de su piel. ''Todo es posible, tú misma lo dijiste''. No hubo respuesta. En lo único en lo que pensaba era en la posibilidad de que todo aquello pudiese ser una horrible pesadilla. Todas las sospechas desvanecieron cuando la mano volvió a rozar su cabello. Dibujaba la silueta de un corazón roto en dos mitades sobre su espalda.


-¿Te acuerdas ahora?.
-Pero no... no... no... es posible.
-¿Y como puedes es que puedes oirme, o notar como acaricio tu pelo?
-Será una pesadilla.
-Vamos, no te engañes. Los dos sabemos que no es así.
-Esta es solo una puta pesadilla... ¿¡Que quieres!?
-Yo te quería... di mi vida por ti. ¿Acaso no te sirve eso?.
-Aquello sucedió hace mucho tiempo, ya nisiquiera me acuerdo...
-¿Estas segura?- dijo con tono amenazador. Solo vengo a recuperar lo que es mío
-¿El qué?
-A ti


La misteriosa silueta desapareció entre la escala de negros que formaba la oscuridad de la cocina. Le temblaban todas las extremidades del cuerpo y apenas podía mantenerse en pie. Miró atrás para comprobar que se habia ido. Derecha. Izquierda. Frente. Y pasó. Las lágrimas recorrian paulatinamente sus mejillas ennegrecidas y sus labios deshumedecidos. Anduvo de nuevo hasta la habitación, con los ojos fijos en su espalda por si volvia a aparecer. Se metió dentro de la cama y se tapó hasta impedir que cualquier rastro de luz, o gramo de aire fresco consiguiera atravesar la sabana.

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