sábado, abril 10

In/dependencia

Nadie debe depender nunca de nadie. Pero entonces, ¿que hacemos las personas que ya dependemos de alguien? ¿Nos olvidamos de ellas? Aunque quisiéramos no podríamos. Aunque lo intentáramos no lo conseguiríamos. Esa persona nos hace feliz, y solo esa persona. Esa persona nos domina. Controla nuestro corazón, nuestra felicidad. Nuestra vida. Lo controla todo y solo en sus manos, esta nuestro destino. Nos hace ver la vida de otra manera, y sabemos que sin el o ella nada seria igual. Sabemos que nuestra vida no tiene sentido.

Entonces... ¿para que depender de alguien? Porque al lado de esa persona, nos sentimos alguien, nos sentimos seres humanos, porque a lo mejor a su lado nos olvidamos de todo, porque solo el/ella nos saca una sonrisa donde otras personas hubiesen sacado lagrimas. Tal vez porque nosotros lo vemos así y no nos imaginamos de otra manera sin ellos. O a lo mejor dependemos de esa persona porque nosotros lo queremos. Porque sentimos que nuestra vida no podría estar en mejores manos. Pero, ¿y si se va? ¿Que vamos a hacer nosotros? Esperar. Esperar hasta que los pies te sangren, hasta que las manos dejen de funcionarte, hasta que nuestra esperanza se marche, hasta que nuestro corazón deje de sentir. ¿Esperar a que? Tal vez esperamos porque sentimos que es lo único que podemos hacer. ¿Que hacer si no? ¿Vivir? No. No sin esa persona. No si no está a mi lado. No sin ella. ¿Y cuando se muera? ¿Que hacer? Morirnos. O tan solo pudrirnos en el olvido junto a su recuerdo. Lamentar nuestras vidas cada día que pase. Dejar que el tiempo nos cure. ¿Por qué? ¿Por qué no sencillamente dejamos de depender de esa persona? No. Es, es, es, es, es....es mi felicidad. La razón por la que cada mañana me levanto. La razón por la cual pienso que mi vida tiene sentido. ¿Sentido? Si, sentido. Lo contrario a cuando nos preguntamos ¿Quién soy? o ¿Qué hago yo aquí?

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